La existencia de una relación directa entre los alimentos que se ingieren y la salud que posee una
persona es una verdad conocida por siglos. Las enfermedades del siglo XXI indican que esta relación
se ha estrechado se ha estrechado en una altísima proporción. El consumo excesivo de grasas
saturadas y colesterol se asocia a un alto riesgo de presentar enfermedades cardiovasculares.
La alimentación y la actividad física influyen en la salud, ya sea de manera combinada como cada una
por separado. Así pues, mientras que los efectos de la alimentación y la actividad física en la salud
suelen interactuar, como en la obesidad, la actividad física aporta beneficios adicionales
independientes de la alimentación, entendiéndose por Alimentación un proceso preoral y voluntario y la
nutrición, como un proceso pastoral e involuntario; por ello, se plantea que una alimentación saludable
es fundamental para mejorar la salud física y mental de las personas.

Una dieta sana
Según recomendaciones de la Consulta Mixta
FAO/OMS (OMS, 2003) una dieta sana debe
considerar:
• La ingesta energética limitada procedente
de las grasas, la sustitución de las grasas
saturadas y los ácidos grasos trans por
grasas insaturadas.
• El consumo de frutas y hortalizas, así
como de legumbres, cereales integrales y
nueces.
• Limitar la ingesta de azúcares libres.
• Limitar la ingesta de sal (sodio) de toda
procedencia, consumir sal yodada.
• Lograr un equilibrio energético para
controlar el peso.
Por lo anterior, el Consejo Nacional para la
Promoción de la Salud en Chile, ha elaborado
las Guías Educativas, con mensajes
comunicacionales que fomentan
comportamientos alimentarios saludables, sin
dejar de lado aspectos psicosociales que
ayudan a las personas a sentirse bien.
Considera entre otros:
a) El consumo de lácteos, señalando el daño
a la estructura ósea que produce un déficit
de su ingesta.
b) Incentiva el consumo diario de frutas y
verduras por su contenido de antioxidantes
y fibra.
c) Recomienda aumentar el consumo de
leguminosas en reemplazo de la carne
porque contribuyen a reducir los niveles de
colesterol en la sangre.
d) Aumentar el consumo de pescado.
e) Preferir el consumo de aceites de origen
vegetal, por sobre los de origen animal,
disminuyendo la cantidad a usar y
controlando las frituras.
f) Aconseja la lectura de las etiquetas que
permiten llevar alimentos bajos en grasas,
azúcar y sal, por la implicancia que tienen
con la obesidad y sus consecuencias
degenerativas.
g) Hacer del consumo habitual de agua un
agente protector del organismo,
eliminador de toxinas, que aseguren su
buen funcionamiento.
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